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Lo que pasa hoy

José Manuel Palacios Arol

Boletín Nazareno

De un tiempo a esta, parte existe un tema de tertulia en los círculos cofrades a cerca de la decadencia en la vida interior de las hermandades. La falta de formación católica de los hermanos y la pérdida del sentido penitencial al vestirse de nazareno. Y he recordado esa Semana Santa antigua, la que cuentan nuestros mayores, aquella en la que hermandad se identificaba con familia.

En ese entorno de tradición, familia, educación y formación se aunaban. Durante la Cuaresma, y no nos engañemos que eso de estar todo el año en la hermandad o hablando de cofradías no va más allá de los años ochenta, los padres con sus hijos, hermanos, tíos y primos participaban de la vida de hermandad, se asistía a los cultos y no sólo a los propios, también a los de las demás hermandades. Las casas de hermandad se llenaban de vida para preparar la estación de penitencia.

Recuerdo a personas que venían exclusivamente desde fuera de Écija para la cuaresma. Segundo, afincado en Madrid, que su única ilusión del año era estar en cuaresma junto a su Nazareno de San Juan. Cómo disfrutaba cada día en los quehaceres diarios, incluso yendo a por las tapitas para después del montaje diario, a casa de Manolo Gómez.

Pero hoy en día, hemos perdido el concepto familiar de hermandad, han crecido en número de hermanos, se ha dividido en grupos (priostía o mayordomía, grupo joven, diputados, costaleros...) lo cual ha llevado en la mayoría de los casos a desvincularse y sólo hacer acto de presencia el día de salida, si no se pertenece a ninguno de ellos.

Debemos echar la vista atrás y recoger de esa Semana Santa con una serie de detalles que nos ayudan a recordar que estamos en Cuaresma. Apenas quedan familias en las que asistir a los cultos se reconoce como la obligación de hermano que sigue cumpliendo, la participación durante el año a los diversos actos que se organizan. En las que vestir el hábito nazareno el día de salida, se convierte en una reunión familiar y aparecen, todas esas pequeñas cosas que los mayores enseñan a las próximas generaciones sobre el sentido y la responsabilidad de ser católico y cofrade. Pues en la familia radica esa catequesis y las hermandades deben de proporcionar ese entorno para la formación, ambas deben de cubrir esa carencia que se está dando en esta sociedad actual, sobre todo si queremos que siga habiendo Semana Santa más allá del sentido de espectáculo cultural.