Iglesia de San Juan

La devoción a Jesús Nazareno posee antecedentes remotos en la ciudad de Écija, como se comprueba con la existencia desde antiguo de varias instituciones, cofradías e imágenes dedicadas a rendir culto a esta advocación. La cofradía más antigua, fundada en la parroquia de San Juan Bautista, se originó en los últimos años del siglo XVI. La Pontificia e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y Nuestra Señora de las Misericordias, sita en la iglesia de San Juan Bautista de Écija fue fundada en 1582 por un personaje llamado Juan de Santa María y, con el paso de los años, se convirtió en una de las hermandades ecijanas de más prestigio y personalidad. Su imagen titular gozó del fervor y la devoción, tanto del pueblo, como de los miembros de la nobleza, siendo ampliamente conocida hasta nuestros días con el sobrenombre del "Nazareno de San Juan".

La historia de esta institución devocional ha estado determinada por su Regla, documento en el que se fijaron las normas de gobierno a las que estuvieron sujetos los hombres y mujeres de Écija que formaron parte de la cofradía, y los fines piadosos de la hermandad. Estas normas o reglas fueron aprobadas canónicamente por el Arzobispado de Sevilla el día 6 de marzo de 1582.

El estatus social de los cofrades varió con el paso de los años. Durante buena parte del siglo XVII la hermandad de Jesús Nazareno estuvo regida por personajes de cierta relevancia en la Écija del momento, como algunos caballeros jurados del Ayuntamiento, hidalgos, escribanos públicos, procuradores e incluso por plateros. Pero ya desde fines de esta centuria y a lo largo de toda la siguiente, la mayor parte de los cargos de gobierno recayeron en destacados personajes de la nobleza local, entre los que sobresalieron los marqueses de Alcántara del Cuervo, de Peñaflor, de las Cuevas del Becerro y de Quintana de las Torres.

Según consta en el citado Libro de Regla, la cofradía de Santa Cruz en Jerusalén se encontraba establecida en 1592 en una de las capillas de la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Se desconoce con exactitud la situación y características de esta primera capilla, pero sabemos que en 1602, la familia Castrillo, tras efectuar obras de ampliación en la capilla de San Antón, que era de su propiedad, consiguió que el Sagrario se trasladase a esta nueva capilla. Como consecuencia de ello, la hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén pasó a establecerse en lo que antiguamente era Capilla Sacramental. Esta capilla fue compartida desde el principio con la Hermandad de las Animas Benditas del Purgatorio y, al parecer, su estrechez impedía la adecuada colocación de sus "insignias". Por ello, en 1638 se llevaron a cabo obras de reforma y se elevó la reja exterior de la capilla.

En vista de la pujanza que iba adquiriendo la hermandad y de las pequeñas dimensiones que aún tenía la capilla, en 1661 se decidió nuevamente acometer obras. En esta ocasión Cristóbal Antonio de Morales y Guzmán, hermano mayor, presentó una petición ante el Arzobispado de Sevilla afirmando que la capilla "es muy pequeña e indecente para estar en ella la Ymagen de Jesús Naçareno..., de más de estar, como está, muy maltratada y amenazando ruina…" La hermandad proponía agrandarla a su costa, para lo que precisaba ocupar un trozo de patio sin uso, que pertenecía a la fábrica de la parroquia de San Juan Bautista. Tras el informe favorable del mayordomo de fábrica y del Vicario de la ciudad, el Arzobispo de Sevilla autorizó la ampliación en los términos solicitados, con la condición de no excavar bóvedas de enterramiento. Las obras de prolongación de la capilla aún se realizaban en 1670, motivo por el cual se pidió al hermano mayor, Baltasar Galindo Laso de la Vega, que continuara en su cargo hasta la finalización de las mismas. Años después, en 1692, se indica en un acta de cabildo que estas obras fueron dirigidas por el maestro alarife ecijano Alonso Tejero.

Desde 1685 la hermandad celebraba sus cabildos en la nueva capilla remozada. Según se describe en un documento de 1684, sabemos que la capilla contaba con cuatro altares: uno, con la Inmaculada Concepción, de bulto, en un retablo con San Joaquín y Santa Ana; otro, con un lienzo pintado del Lavatorio, que regaló Antonio Gómez, sochantre de la parroquia; y otro, con el retablo de las Ánimas Benditas. Aunque no se mencionaba expresamente, es seguro que el cuarto altar estaba dedicado a la imagen titular de Jesús Nazareno.

Nuevamente, en 1697, la hermandad quiso reformar la capilla. Esta vez, Juan Alonso de Zaldúa y Vega, regidor perpetuo del Ayuntamiento y hermano mayor, donaba una casa de su propiedad contigua a la capilla, para su ampliación. Esta casa, que lindaba con la iglesia de San Juan Bautista y la plaza frontera a la misma, fue adquirida en 1695 por el citado hermano mayor, con intención de donarla a la hermandad y construir un nuevo sector para la capilla. El único escollo para llevar a cabo esta pretensión era un pequeño callejón ruinoso de 15 m2, perteneciente a la fábrica parroquial, que se utilizaba para guardar enseres de madera y que mediaba entre ambas construcciones. A cambio de este espacio, el hermano mayor ofrecía a la fábrica el terreno sobrante de esta casa, una vez hecha la ampliación de la capilla, con objeto de construir un nuevo almacén donde guardar los enseres de la parroquia y los pasos y alhajas de su hermandad y la de Ánimas.

Tras los informes oportunos, el Provisor y Vicario General del Arzobispado de Sevila dictó un auto de aprobación y licencia para efectuar esta permuta de terrenos con fecha 21 de mayo de 1697. Las obras comenzaron al poco tiempo y concluyeron en 1708. Finalmente la capilla fue bendecida el día 13 de marzo de 1709 por Pablo Gómez Camero, Vicario de Écija. En la espadaña que se construyó sobre el nuevo crucero de la capilla –fechada con la inscripción “AÑO 1708”- quedó instalada una esquila, propia de la fábrica de San Juan Bautista, que fue cedida por el Arzobispado a la hermandad en 1699. El anillo interior de la media naranja que cubre el crucero de la capilla aparece hoy recorrido por la siguiente leyenda: "ESTA CAPILLA ES DE LOS HERMANOS DE JESÚS NAZARENO Y SANTA CRUZ EN JERUSALEN. ACABÓSE AÑO DE 1708".

Según atestigua una lápida existente en el suelo de la capilla, que sirve para cubrir la bóveda de enterramiento de Juan Alonso de Zaldúa y Vega, las obras ejecutadas a partir de 1697 se centraron fundamentalmente en la adición de un crucero a la nave que ya había sido reformada a raíz de las obras de 1661. La inscripción de dicha lápida dice así "AQUÍ YACE DON JUAN ALONSO DE ZALDÚA Y VEGA PRESBÍTERO QUE AUMENTO A ESTA CAPILLA ESTE CRUCERO MURIO EL AÑO DE 1714…" Dicha bóveda de enterramiento le había sido concedida en sesión de cabildo del 22 de abril de 1710, como muestra de gratitud por sus permanentes atenciones para con la hermandad en el desempeño del cargo de hermano mayor. Algunos años antes, en 1701, cuando las obras aún no habían finalizado, la hermandad concedió otra sepultura a un destacado miembro de la Junta de Gobierno. Se trataba de Marcos Felipe Dorado y Astorga, capellán de honor del rey, a quien se otorgó a perpetuidad un altar con su correspondiente sepultura en el nuevo crucero, junto al altar colateral derecho, para que en él pudiera colocar la imagen o imágenes que fueran de su devoción. En agradecimiento, Dorado entregó una limosna de 200 escudos de plata doble para ayudar a la finalización de las obras del crucero.

El capítulo de obras en la capilla de Jesús Nazareno quedó cerrado entre 1715 y 1716, con la construcción de un hermoso camarín para la imagen del Titular. Dicha construcción se llevó a cabo sobre un solar de 17,5 m2 contiguo al presbiterio de la capilla. Se trataba de un "patio de aves" o corral, perteneciente a una casa que tenía su entrada por la calle del Estudio Viejo y que era propia de la capellanía fundada por Juana Montero Sandoval en la parroquia de San Gil. El día 11 de julio de 1715 Pedro de Aguilar Bermudo, presbítero beneficiado de la iglesia de San Gil y servidor de la citada capellanía, otorgó escritura de venta del citado solar a favor de la hermandad de Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén, por precio de 215 maravedíes de censo anual. Aunque la escritura se firmó en 1715, existía el compromiso de venta desde 1697, de lo cual se desprende que la construcción del crucero y camarín formó parte de un proyecto unitario.

En la actualidad, la capilla de Jesús Nazareno es un hermoso y proporcionado templo en forma de cruz latina de brazos pequeños, que se halla unido por los pies a la antigua Capilla Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista. Se compone de una nave rectangular, dividida en cinco tramos. Su cubierta es una bóveda de cañón con lunetos ciegos, decorados con yeserías manieristas y arcos fajones sobre pilastras toscanas. El crucero se cubre con media naranja sobre pechinas decoradas con pinturas modernas. La cabecera está ocupada por el retablo mayor a través de cuya hornacina central puede admirarse la imagen de Jesús Nazareno en el interior de un espacioso camarín decorado con yeserías de hojarasca carnosa y cubierto con una semiesfera donde aparece la inscripción: "A HONRA Y GLORIA DE DIOS NUESTRO SEÑOR Y AYUDA DE LA HERMANDAD DE JESÚS NAZARENO SE HIZO ESTE CAMARÍN SIENDO HERMANO MAYOR DON SEBASTIAN LÓPEZ DE CARRIZOSA. AÑO DE 1716".

En cuanto a las imágenes que han sido objeto de culto y veneración por la hermandad, sabemos que desde 1582 la cofradía basó su devoción en la Santa Cruz de Jerusalén. Sin embargo, en 1635 esta devoción se centraba en la imagen de Jesús Nazareno, a la que acompañaban las de Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista y la Mujer Verónica.

Entre 1714 y 1715, la capilla se enriqueció con un nuevo retablo mayor que fue donado por el benefactor Marcos Felipe Dorado y Astorga.

También donaron otros devotos varias arañas y lámparas de plata, una efigie nueva de la Mujer Verónica, ornamentos, palio y candeleros torneados. En 1717 la hermandad tenía en su poder cierta cantidad de dinero procedente de limosnas para costear el dorado del nuevo retablo mayor. Dicha cantidad, por ser insuficiente, se destinó a la construcción de los dos retablos colaterales que hoy existen en los brazos del crucero. Estos retablos, dedicados a Nuestra Señora de los Dolores y San Juan Evangelista, fueron concertados el día 10 de septiembre de 1717 con Francisco de la Vega, maestro de escultor, en precio de 200 ducados de vellón, siendo estrenados en 1722. También en 1722 se instaló el nuevo trono o peana sobre el que se admira a Jesús Nazareno en su camarín.

La capilla en nuestros días

Con fecha 12 de junio de 2001, mediante documento de cesión firmado por el Vicario General, Antonio Domínguez Valverde, en nombre y representación de la Diócesis de Sevilla y por Antonio Luque Luque, como Hermano Mayor y representante de la Pontificia, Ilustre y Muy Antigua Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén, María Santísima de las Misericordias y San Juan Evangelista es cedida a la Hermandad el uso de la Iglesia, dependencias, muebles y enseres que figuran en el inventario que previamente se había levantado al efecto.

Desde ese momento la Hermandad se propone como objetivo principal la restauración y rehabilitación del conjunto monumental que le ha sido cedido y que está formado, además de por la parte del edificio que se encuentra utilizado como templo, por el espacio inacabado de la iglesia neoclásica, así como la creación y actuación de nueva planta en la parte posterior de una sala de exposiciones y casa-museo sacro cofrade para la Hermandad. También la construcción en zona anexa de una Casa Hermandad para llevar la administración de la corporación, así como de todo el conjunto del inmueble cedido y además que sirva de lugar de unión entre el Culto (Iglesia) y Vida de Hermandad (Casa de Hermandad).

Tras la realización de diversas gestiones, le son concedidas por el Instituto Nacional de Empleo, perteneciente al Ministerio de Trabajo y, posteriormente por el Servicio Andaluz de Empleo de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, Escuelas Taller para llevar a cabo las obras que se tienen en proyecto.

La Hermandad encarga la redacción del proyecto y la dirección de las obras al arquitecto ecijano Fernando J. González Beviá.

El día 30 de Mayo de 2002, la Hermandad hace Solemne Traslado de sus Amantísimos Titulares desde la Iglesia de San Juan a la Iglesia Parroquial de Santa María Nuestra Señora, donde le ha sido cedido sitio por el Párroco de la misma y donde permanecerán hasta la finalización de las obras.

El día 1 de junio de 2002, se inician las obras de restauración y de construcción de nueva planta para Museo y Casa de Hermandad, aunque por encargo de la entidad, la restauración del templo tiene prioridad sobre el resto de las obras que se van a realizar, para poder reiniciar los cultos y servicios religiosos lo antes posible.

La primera fase de las obras que se han concluido, ha durado tres años y medio y han consistido en la reposición total de la cubierta del edificio, la instalación de sistemas de electricidad y alumbrado, la instalación de saneamiento y alcantarillado, la sustitución de la solería y zócalo por otra de mármol rojo y negro. También se ha llevado a cabo la recuperación de huecos y pinturas al fresco donde aparecían evidencias de su existencia, se ha restaurado la carpintería interior y exterior y se han construido nuevas puertas principales del Templo. Por otro lado, se ha llevado a cabo la restauración de los retablos de madera policromada y las imágenes del templo, así como el reentelado de lienzos de cuadros. Actualmente se está a la espera de que, por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, se conceda a la Hermandad una tercera y última Escuela Taller para terminar la parte del proyecto que contempla el Museo Sacro-Cofrade.

También hay que destacar que se dotado la Iglesia de un sistema de iluminación artística interior a la que se han incorporado los mas nuevos avances tecnológicos disponibles en ese campo. Esta iluminación ha sido posible gracias al convenio de colaboración que la Hermandad de Jesús Nazareno ha suscrito con la Fundación Sevillana Endesa. Dicha entidad ha aportado los fondos necesarios y ha llevado a cabo el diseño y la ejecución del proyecto total de iluminación. También está fundación ha participado con el cincuenta por ciento del importe total de la iluminación del hoy patio de entrada (Iglesia neoclasica inacabada), y el resto del importe de la iluminación de dicho recinto ha sido subvencionado por la Delegación Provincial de la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta de Andalucía.

GARCÍA LEÓN, Gerardo. "La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén de Écija", en Actas del Congreso Internacional Cristóbal de Santa Catalina y las Cofradías de Jesús Nazareno, Tomo II, Córdoba, 1990, pp. 611-634.
MARTÍN OJEDA, Marina. GARCÍA LEÓN, Gerardo: "La Pontificia e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y Nuestra Señora de las Misericordias", en Nazarenos de Sevilla, Tomo II, Sevilla, Tartessos, 1997, pp. 279-288.
Torre de San Juan

La torre de San Juan es, desde luego, la plasmación de esa riqueza decorativa. Torre que, iniciado el siglo XVIII, estará sin obrar hasta 1720, por desprendimientos. Para ello, fue necesario “tantear un pilar alrededor de la torre por el riesgo que había”. Las obras que se habían comenzado desde 1704 en esta iglesia, referentes al Baptisterio, Archivo y aguamanil, se habían prolongado hasta 1743 y 1747, salvo el inciso hecho del apuntalamiento en 1720.

Sancho Corbacho piensa que la torre se había terminado en 1745, y que se debe ésta a los alarifes Lucas Bazán y Antonio Corrales. Pero “el temblor de tierra tan grande y nunca visto” de 1755 obligó a iniciar una nueva etapa constructiva y de reparaciones. En Febrero de 1755 las campanas existentes se habían cascado y “están imposibilitadas de servir”, el terremoto de Noviembre sirvió para desplomar lo que quedaba en pie de la torre, a partir de entonces se dispusieron maestro y peones a demolerla, entre el 3 de Noviembre y el 10 de Febrero de 1756 en que consta el término de su demolición; de todas formas, en Enero de este año ya había una petición a la Fábrica del Arzobispado de Sevilla de reparación para la iglesia y torre de San Juan. La petición se centraba en la necesidad del reconocimiento por parte del Maestro Mayor de Fábricas. La contestación vino a renglón seguido, el primero en visitar la obra fue Pedro de San Martín. Fruto de ese reconocimiento se advirtió que

“tan sólo avía algunos quebrantamientos de poca monta y pasando a la torre, en ella a verse arruynado todo el cuerpo de campanas y su coronazión y en defenzión de estar este cuerpo muy baxo, con mucho motivo las campanas no se oyen muchas veces en el rezinto de la collación y ser una iglesia muy grande y la que más se frecuenta de los fieles, por estar en el medio de la ciudad, se ase preciso elevar dicha torre seys varas más de todo el gruezo que tienen sus muros, en cuya altura se hará una bóveda baída para. que el pizo del cuerpo de campanas y en e/más abaxo se dexarán en cada frente una bentana grande con sus balcones y jambas resaltadas, y para formar el cuerpo de campanas, en lugar de cornizas se harán dos ympostas una sobre otra de dos terzias de alto; con sus molduras de ladrillo en tosco grueza las que entallarán con cal y arena...”

Las perspectivas eran al final de esta informe de unos 45.150 reales. La remodelación era bien patente, “haciendo en ella varias distintas obras, así de azulejos, bentanas y otros adornos que nunca ha tenido”, pero al mismo tiempo, se dejaba bastante claro que los costes de la obra con las nuevas adiciones no eran obligación, bajo ningún concepto, del Arzobispado, “mas que de conservar iglesias en la misma forma en que siempre an estado y estaban antes del terremoto”.

Parece ser que la torre de San Juan alcanzaría un coste de 15.250 reales, cantidad bastante elevada si la ponemos al lado de lo que se apercibía con las rentas de fábricas de los año 1751 a 1755, unos 10.236 reales. Contemos con que el gasto de unos andamios se estimaba en 350 reales sólo un año más tarde, en 1758, para poner en su lugar tres campanas nuevas. Por más, esto nos añade el adelantamiento que alcanzaban las obras en estas fechas, pero habrá que esperar al año siguiente para asistir al reconocimiento de Pedro de Silva. Dicho maestro no solo va a estar al frente de la torre sino dé la iglesia, al menos hasta 1777, aunque pensamos que la estructura principal del campanario quedaba concluida en 1759. Aquí también fue primero la torre y después la iglesia, ésta ya acorde con las nuevas tendencias. La disposición de la torre se dejará a los pies de la Sacramental, a éje con el presbiterio de la nueva iglesia. Las obras de esta parroquia se encontraban en pleno apogeo.

Sería justo y útil mencionar el trabajo de canteros y alarifes en todo el entramado de la arquitectura de su iglesia, labor que no siempre fue fructífera por ciertos problemas de sustentación. Eran maestros tales como Andrés de Sabala y Luis Francisco Cavello como canteros, y Fernando Martín Bizarro, como maestro alarife, desde 1765 a 1772. Le siguen en el tiempo Juan de Carmona y Antonio Caballero, alarifes, hacia 1775, aunque cada uno en diferentes actividades en la obra general.

Pedro de Silva hizo nuevas recomendaciones, diciendo que era necesario componer el caracol de la torre y recorrer el tramo de la escalera, a parte de meterle un macho nuevo de madera y sujetar con yeso todos los mamperlanes, para lo que se gastaron 132 reales y 12 maravedís. Pero la obra del templo continuaba en su construcción con la amenaza de desplome, por lo que siguieron pasando por ella diversos maestros, tanto del Arzobispado de Sevilla, como de los Alcázares de Córdoba y de nuestra ciudad. A ello acudieron en 1782 Antonio de Figueroa, albañil mayor de fábrica del Arzobispado y Francisco de Paula Morales Aguayo, de los Reales Alcázares, y con este Alonso Cumplido, Agustín de Araujo y Antonio Caballero, maestros alarifes de Écija.

En los años sucesivos, viene como maestro mayor Antonio de Figueroa. Los gastos ocasionados por la compra de yeso que origina la decoración de la torre, nos delimita la fecha con mayor actividad entre los meses de Mayo y de Noviembre de 1786. El trabajo estaba prácticamente concluído. El director de la obra había sido Don José Jiménez Hinestrosa, presbítero, Juan de Carmona el maestro albañil, José Calderón, el maestro herrero y Pablo González, el maestro dorador y pintor, que participaría en las últimas anotaciones decorativas de la torre. El estuco era pintado y dorado. Los azuléjeros y pintores sevillanos y ecijanos que habían sufrido un periodo bastante desprovisto de trabajo en el primer tiempo del siglo XVIII, con respecto a la arquitectura, se van a resarcir ahora, desplegándose con un gran repertorio ornamental.

1786, aparte de ser el año de culminación de la torre que hoy vemos, fue el año que se realizaron las obras del archivo alto, coro alto y cuarto de pasos, a manos de Juan de Carmona, trabajo que duró hasta 1789. Sólo en 1798 habrá que volver a componer la escalera de madera del último cuerpo por el carpintero Antonio Ruvio y el maestro alarife José de Morales.

Concluyendo, la torre de San Juan estaba completamente desprotegida cuando le llegó el Terremoto, entonces se decidió volverla a hacer de nuevo en 1756. Según las palabras del primer arquitecto que la vió, Pedro de San Martín, el cuerpo de campanas estaba muy bajo y había que darle una altura mayor. Pedro de Silva intervino en 1759 en torre e iglesia haciendo un reconocimiento general. Para terminar con una fase final de decoración que fue la de 1786. Mientras, la iglesia quedaba inconclusa, manteniéndose la Capilla de Jesús como parroquia. El siglo XVIII se clausuraba con el proyecto inacabado y el siglo XIX se abría con la mentalidad pretenciosa todavía de construir un templo “todo de cantera”, para el tiempo que a partir de entonces le tocaría vivir.

ARTE HISPALENSE DE LAS TORRES PARROQUIALES DE ECIJA EN EL SIGLO XVIII.
Ana Valseca Castillo
Titulares

Jesús Nazareno

La imagen de nuestro Titular Jesús Nazareno, es del Siglo XIV y de autor desconocido habiendo sido restaurada profundamente entre los años 1958 y 1960 por Francisco Buiza y Joaquín Ojeda, modificando sustancialmente su postura y policromía. El rostro del Nazareno es de patética impresión con un gesto de dolor que invita a la meditación así como la expresión de sus ojos y la fuerza de sus manos al sostener la Cruz.

Virgen de las Misericordias y San Juan Evangelista

Las imágenes de María Santísima de las Misericordias y San Juan Evangelista son obras recientes del escultor sevillano Ricardo Comas Fagundo.

Reseña artística

La barroca figura de Jesús Nazareno camina por una vía de guijarros que son hoy efímeras flores. En el andito bajo, los cuatro evangelistas son testigos privilegiados de un drama que ellos anticipadamente saben que cambiará la historia.

Afilado el rostro por el padecimiento, blando el sentimiento y decaídas facciones, flaquea en Jesús la enjuta carne y jadea su boca entreabierta a la busca del frescor que ya le niega el aire. La atmósfera hierve entre la turbamulta enervada y cruel. Ase los troncos de la cruz con sus manos, haces de venas y tendones, dedos sarmentosos que entrelazan el tronco simulado y tosco de una cruz que, para mayor pesadumbre, bien sabemos que no es suya.

El leño macera sus hombros y hace, por las ya escasas fuerzas, tensar el cuello acentuando, parejo al breve paso que la pierna intenta, la opresión que atenaza su pecho como un hálito exangüe al borde ya de la caída.

La imagen de nuestro Titular Jesús Nazareno, es del Siglo XIV y de autor desconocido habiendo sido restaurada profundamente entre los años 1958 y 1960 por Francisco Buiza y Joaquín Ojeda, modificando sustancialmente su postura y policromía. El rostro del Nazareno es de patética impresión con un gesto de dolor que invita a la meditación así como la expresión de sus ojos y la fuerza de sus manos al sostener la Cruz.

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