Historia de la Hermandad

En la ciudad de Écija existieron desde antiguo dos cofradías dedicadas a la advocación de Jesús Nazareno. La más antigua, fundada en la parroquia de San Juan Bautista, se originó en los últimos años del siglo XVI. La hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz tuvo como germen fundacional las visiones milagrosas de doña Sancha Carrillo, y sus reglas más antiguas datan de 1666. Esta comunicación pretende ofrecer algunos aportes documentales y consideraciones sobre la Pontificia e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y Nuestra Señora de las Misericordias, sita en la parroquia de San Juan Bautista de Écija. Fundada en 1582, con el paso de los años se convirtió en una de las cofradías ecijanas de más prestigio y personalidad. Su imagen titular gozó del fervor y la devoción, tanto del pueblo, como de los miembros de la nobleza, siendo ampliamente conocida hasta nuestros días con el sobrenombre del "Nazareno de San Juan".

Fuentes Documentales

La historia de esta institución devocional puede reconstruirse parcialmente gracias a cierta valiosa documentación conservada en su archivo particular. En primer lugar, la hermandad posee un Libro de Reglas en el que se fijan las normas de gobierno y los fines piadosos de la cofradía. Se trata de una copia o traslado del libro de reglas original, hoy perdido, efectuado en la primera mitad del siglo XIX, que probablemente debido a su deterioro hubo de ser transcrito para su conservación. El libro primitivo estaba primorosamente manuscrito por Juan de Santa María, quien según un testimonio conservado en el archivo, fue el fundador de la hermandad. Las reglas fueron aprobadas canónicamente por el Arzobispado de Sevilla el día 6 de marzo de 1582 y en ellas, la hermandad se autodenominaba únicamente "Cofradía de la Santa Cruz en Jerusalén". Estas reglas fueron revisadas y ampliadas en 1592.

Seguidamente, destacaremos un Libro de Cabildos, cuyas fechas límites van de 1635 a 1906. Constituye un verdadero tesoro documental para la hermandad por cuanto contiene las actas de cabildos celebrados en este periodo, las cuentas de ingresos y gastos del culto, así como numerosos datos de interés sobre imágenes, retablos, procesiones, etc. Hay que advertir que el amplio periodo histórico de este libro es el resultado de la encuadernación reciente de dos libros independientes a los que faltaban algunos folios. Concretamente las actas se interrumpen entre 1723 y 1759, casi con toda seguridad por extravío o deterioro de las páginas; y entre 1829 y 1890, periodo en que la hermandad sufrió una importante crisis que estuvo a punto de hacerla desaparecer.

Otros libros de interés son cuatro Libros Registro de Hermanos y Hermanas, en los que aparecen inscritos los hombres y mujeres de Écija que entre 1644 y 1780 formaron parte de la cofradía, con especificación de la cuota que abonaron a su entrada, Y a veces de la fecha de su fallecimiento. También conserva la hermandad dos preciosas Bulas Pontificas de 1613 y 1664 realizadas en pergamino y decoradas con bellas miniaturas, donde se recoge la agregación de nuestra hermandad con la Archicofradía de la Caridad de la iglesia de San Jerónimo de Roma y con la Venerable y Muy Hospitalaria Hermandad del Salvador, también de Roma.

Por último destacaremos un pequeño legajo que contiene escrituras y expedientes diversos relativos a las reformas efectuadas en la capilla durante los siglos XVII y XVIII y varios pliegos de cuentas anuales, con sus justificantes, comprendidas entre 1841 y 1890. En el Archivo Parroquial de San Juan Bautista se conservan algunas escrituras de institución de mandas piadosas a favor de la hermandad. Estas fuentes documentales se complementan con los datos que facilita el Catastro del Marqués de la Ensenada, conservado íntegramente en el Archivo Municipal de Écija, y con varios expedientes de obras en la capilla que hemos localizado en el Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla.

Las Reglas y Ordenanzas

Las reglas de la cofradía de la Santa Cruz en Jerusalén se dividen en 21 capítulos. El Capítulo 1 trata sobre la forma de recibir a los nuevos hermanos en la cofradía y estipula las cuotas de entrada, que serían de 10 reales para los hermanos de luz, y seis para los de cruz. Hay que destacar que se prohibe expresamente el ingreso de negros y mulatos "por que la mayor parte dellos no es gente acojida a razón".

El Capítulo 2 fija las normas a seguir durante la celebración de los cabildos. El Capítulo 3 ordena que se celebre un cabildo anual el domingo de Lázaro y que para este cabildo se haga un altar y en él se ponga una cruz y un plato, en que los hermanos depositen sus limosnas para atender a los gastos de salida de la cofradía el Viernes Santo. En este sentido, en el Capítulo 4 se manda que cada año, el día en que sale la cofradía en estación de penitencia, se haga la limosna de dar de comer a doce pobres, en recuerdo de la Última Cena de Cristo.

En el Capítulo 5 se establece que el muñidor porte una opa de paño morado con una insignia de la Santa Cruz en Jerusalén en un escudo de hoja de Milán; que el estandarte sea morado con cruces amarillas; y que las varas de regimiento sean moradas. El Capítulo 6 trata de las elecciones de oficiales, que habían de celebrarse el Día de Reyes de cada año. Estos eran: prioste, mayordomo de cera, dos alcaldes, ocho diputados y escribano. Por encima de estos oficiales estaba el hermano mayor, que por sus buenas aptitudes podía ser reelegido en sucesivos cabildos.

Los Capítulos 7 y 8 tratan de las dos celebraciones más importantes de la cofradía. La fiesta general del día de la Santa Cruz, en Mayo, había de celebrarse con la mayor solemnidad posible y a ella no podría excusar su asistencia ningún hermano. La otra gran celebración era la procesión anual que se efectuaba al alba del Viernes Santo. A las tres de la madrugada, los hermanos habían de congregarse en la capilla de la hermandad vistiendo túnicas de lienzo morado ceñidas con sogas de esparto, capirotes redondos y con una insignia de la Santa Cruz de Jerusalén en el pecho. Todos debían ir descalzos, salvo los enfermos que podían llevar alpargatas. Los penitentes se dividirían en dos grupos según portaran hachas de cera o cruces de madera de pino de Segura.

En el Capítulo 9 se establece la forma de tomar las cuentas anuales al hermano mayor saliente. En el Capítulo siguiente se ordena que la hermandad realice dos demandas públicas de limosna que se empleen en dar de comer a cofrades o necesitados o a pobres vergonzantes vecinos de la collación donde radique la hermandad. El Capítulo 11 manda que las reglas de la hermandad sean leídas en alto por el escribano cuatro veces al año: el domingo de la Tentación, el domingo de Lázaro, el día de la Santa Cruz y en el cabildo en que se elija el nuevo hermano mayor.

Los Capítulos 12-16 tratan sobre las atenciones que la hermandad debía tener para con los hermanos presos, enfermos o difuntos. El Capítulo 17 previene que el Libro de Reglas siempre debía estar presente en el sitio donde tuvieran lugar las reuniones de cabildo. El Capítulo 18 ordena que se lean las Reglas a los nuevos hermanos, estableciéndose en este punto la creación de un nuevo cargo, el albacea de ánimas, cuya misión sería la de controlar la cera y funciones a celebrar por los hermanos difuntos.

El Capítulo 19 permite que el privilegio de ser hermano de la cofradía pueda heredarse de padres a hijos, siempre que sean legítimos. Aquí se establece que las mujeres "no siendo de vida escandalosa" podrán pertenecer a la hermandad, pagando 8 reales de entrada y uno de cuota anual. El Capítulo 20 incorpora la celebración de una nueva fiesta solemne, la de Nuestra Señora de Agosto. El Capítulo 21 y último trata sobre los clérigos que deseen formar parte de la cofradía, a los que no se les cobrarán derechos de ninguna especie, siempre que se obliguen a asistir a las funciones litúrgicas de la hermandad.

Tras el decreto de aprobación inicial de 1582, existe una adición que desarrolla y amplía ciertos aspectos de las reglas comentada que fue sancionada favorablemente por el Arzobispado el día 13 de abril de 1592. En el preámbulo de esta adición se especifica claramente que la hermandad rendía culto a la Santa Cruz en una capilla de la parroquia de San Juan Bautista. Por ello, podemos afirmar que, al menos desde 1592, la cofradía tuvo su sede en dicha parroquia. Es curioso resaltar que ni en las primitivas reglas, ni en su ampliación posterior, se menciona en ningún momento la devoción a Jesús Nazareno. Sin embargo en 1635, año en que se inicia el Libro de Cabildos, la cofradía ha cambiado el nombre de Santa Cruz en Jerusalén por el de Jesús Nazareno. Esta situación se mantuvo hasta 1662; en el cabildo celebrado el día 26 de febrero de este año el hermano mayor expuso a la hermandad la necesidad de recuperar ciertas bulas de agregaciones e indulgencias concedidas por varios pontífices a la hermandad que, por entonces, se hallaban extraviadas. Puesto que se ignoraba el paradero de estos documentos, la hermandad acordó realizar gestiones encaminadas a obtener traslado de los mismos en la corte de Roma. A raíz de este hecho, una vez conseguidos los citados testimonios, la hermandad pasó a titularse desde 1663 "Santa Cofradía de Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén", título con el que ha llegado hasta nuestros días.

Estructura, organización social y funcionamiento

Pese a las indicaciones fijadas por las ordenanzas del Libro de Reglas los cabildos se celebraban ordinariamente cada Domingo de Ramos. En ocasiones el cabildo podía tener lugar en otras fechas si así lo requerían asuntos importantes, como podía ser la renuncia o fallecimiento del hermano mayor, la urgente notificación a la hermandad de alguna orden superior, etc. Los cabildos solían celebrarse en el coro o en la sacristía de la iglesia de San Juan Bautista. A partir de 1685, según consta expresamente en las actas, las reuniones se llevaron a cabo en la propia capilla de Jesús Nazareno, una vez se habían efectuado las correspondientes obras de ampliación.

En los cabildos se elegía a los oficiales y hermano mayor que constituían la junta de gobierno de la hermandad. También se rendían las cuentas del cómputo de ingresos y gastos anuales originados en la corporación. Otro asunto frecuentemente tratado en cabildo era la adjudicación de las hachas de cera a los hermanos durante la estación de los "hermanos horquilleros" que tenían el privilegio de portar las andas de Jesús Nazareno en la procesión.

Anualmente la hermandad elegía Junta de Gobierno compuesta por hermano mayor, dos alcaldes, dos contadores, dos diputados, albacea de ánimas, diputado de cuentas, mayordomo y escribano. Era frecuente que una misma persona fuese reelegida varios años para el mismo cargo. También era habitual que el hermano mayor designara personalmente a los miembros de su Junta de Gobierno, sin someterse al control previo de la hermandad. El estatus social de estos oficiales varió con el paso de los años. Durante buena parte del siglo XVII la cofradía de Jesús Nazareno estuvo regida por caballeros jurados del Ayuntamiento, hidalgos,escribanos públicos, procuradores, e incluso por plateros. Pero ya desde fines de esta centuria y a lo largo de toda la siguiente, la mayor parte de los cargos de gobierno recayeron en destacados personajes de la nobleza local, entre los que sobresalen los marqueses de Alcántara del Cuervo, de Peñaflor, de las Cuevas del Becerro y de Quintana de las Torres. Como ya se especificó al hablar de las reglas, la hermandad de Jesús Nazareno podía acoger en su seno a mujeres, casadas o doncellas, y también a monjas. Documentalmente, sabemos que pertenecieron a nuestra cofradía las monjas de los conventos ecijanos del Espíritu Santo, Santa Florentina, Santa Inés del Valle y Nuestra Señora de los Remedios.

La documentación conservada pone de manifiesto el papel preponderante que la nobleza jugó en la existencia de la hermandad. A lo largo del siglo XVIII son frecuentes las ocasiones en que los gastos imprevistos de cierta importancia fueron sufragados en su totalidad por el marqués de Peñaflor o el de Alcántara del Cuervo. A partir de la invasión napoleónica los antiguos linajes ecijanos comenzaron a trasladarse a la corte madrileña. Paralelamente se produjo un declinar de la cofradía de Jesús Nazareno, quizás debido a la carencia de unas bases populares que difícilmente podían identificarse con una institución que, desde antiguo, venía siendo regida por nobles caballeros. Entre 1800 y 1828 sólo existen cinco actas de sesiones de cabildo. En 1819, desde su residencia madrileña, el marqués de Alcántara del Cuervo aún mantenía su vínculo con la hermandad y ofrecía su contribución económica al coste de la procesión de Semana Santa y al de una nueva túnica bordada en oro para la imagen de Jesús Nazareno. Nuevamente, en 1822, el mismo marqués escribía desde Madrid al párroco de la iglesia de San Juan Bautista advirtiendo de la obligación que tenían la cofradía y "hermanos horquilleros" de efectuar la procesión anual con toda decencia y fervor, contribuyendo todos por igual a los gastos de la misma. Las cosas no marchaban mejor en 1836, según las palabras del citado marqués: "...Siento infinito el estado de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús que tiene recursos para subsistir pero no queremos tomarlos y nos contentamos con decir que somos hermanos, mas las obras son de cuñados o aun peores. Paciencia, y yo aunque estuviera hay sólo haría como uno ...". Ignoramos los avatares sufridos por la hermandad durante la mayor parte del siglo XIX. Unicamente podemos afirmar que su actividad no decayó y que los cultos continuaron, así como las procesiones anuales. Las actas de cabildos se reanudan en 1891, existiendo continuidad prácticamente hasta nuestros días.

Organización Económica

La primera fuente de ingresos que tuvo la cofradía de Jesús Nazareno estuvo constituida por las cuotas anuales y de ingreso abonadas por sus miembros, así como las sanciones impuestas a los que contravenían algún punto de las ordenanzas, que podían pagarse en metálico, cera o aceite. La carencia de propiedades rústicas o inmuebles que con sus rentas contribuyeran al sostenimiento de la hermandad hicieron que ésta se nutriera fundamentalmente de limosnas. Dichas limosnas se obtenían en las numerosas funciones litúrgicas que la hermandad celebraba y en la demanda pública que los hermanos estaban obligados a efectuar. Esta demanda se realizaba en varios puntos concurridos de la ciudad de Écija, siendo los más importantes el camino que iba al monasterio de San Jerónimo del Valle, la puerta del convento del Espíritu Santo y la esquina de la calle Platería, donde se instalaba un pequeño altar con una reproducción de la imagen de Jesús Nazareno. También se efectuaba demanda pública en la puerta de la iglesia de Santa Cruz y en la del convento de la Visitación de Santa Isabel; pero esta demanda fue prohibida en 1730 por un decreto del arzobispo D. Luis de Salcedo y Azcona, probablemente por oposición de la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz, sita en dicha iglesia mayor.

Aparte de estos ingresos en metálico, la hermandad recibía limosnas en especie, tanto de trigo, como de cera y aceite para las lámparas. También se beneficiaba de ciertas mandas piadosas como un tributo de 12 reales de vellón impuesto sobre olivares del pago de la Fuente de los Cristianos y un censo perpetuo de una cuarta de aceite que dio Cristóbal Ruiz sobre tres aranzadas y media de olivar en el pago del Garabato, instituido ante el escribano público Luis Fernández Vicioso el día 11 de abril de 1675. Otra manda piadosa fundada a favor de la hermandad de Jesús Nazareno fue otorgada ante el escribano Francisco Antonio del Campo, el día 2 de marzo de 1698, por José de León y su esposa Ana Bermudo, quienes establecieron un vínculo perpetuo sobre sus bienes y se obligaron a pagar cada año una arroba de aceite para la lámpara del Nazareno.

Los gastos de la hermandad eran diversos. En primer lugar se hallaban los gastos de la cera y el aceite que se consumían en la iluminación de las imágenes durante los cultos, especialmente en los dedicados a Jesús Nazareno. Luego seguían los causados por el sostenimiento y limpieza de la capilla, retablos, imágenes, lámparas, etc. Un capítulo importante estaba dedicado a la procesión anual, para la que era preciso aderezar pasos e imágenes, comprar túnicas, adquirir cruces y pagar su salario a clérigos, ministriles, etc. Otra fuente de gastos eran las funciones litúrgicas anuales; a modo de ejemplo diremos que en la fiesta de la Invención de la Santa Cruz del año 1770 hubo que pagar derechos al predicador, a la capilla de música y al sochantre de la iglesia; también se abonaron los fuegos y cohetes, el aceite para las luminarias instaladas en la torre, el bizcocho y vino gastado en dar un refresco al predicador y músicos, el aceite de las lámparas y la cera del plan de altar.

A menudo la partida de ingresos solía quedar ampliamente superada por la de gastos. Entonces era frecuente que el hermano mayor, al rendir cuentas de su gestión en el cabildo anual, ofreciera generosamente a Jesús Nazareno la diferencia de dinero a su favor, en concepto de limosna personal extraordinaria. Esta circunstancia se dio particularmente a lo largo del siglo XVIII, periodo en que tuvo mayor protagonismo el estamento nobiliario en el gobierno de la hermandad.

La Capilla y sus obras de arte

Según el Libro de Reglas la cofradía de Santa Cruz en Jerusalén se encontraba establecida en 1592 en una capilla de la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Desconocemos con exactitud la situación y características de esta primera capilla, pero sabemos que en 1602, la familia Castrillo, tras efectuar obras de ampliación en la capilla de San Antón, que era de su propiedad, consiguió que el Sagrario se trasladase a esta nueva capilla. Como consecuencia de ello, la hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén pasó a establecerse en lo que antiguamente era Capilla Sacramental. Esta capilla fue compartida desde el principio con la Hermandad de las Animas Benditas del Purgatorio y, al parecer, su estrechez impedía la adecuada colocación de sus "insignias". Por ello, en 1638 se llevaron a cabo obras de reforma y se elevó la reja exterior de la capilla.

En vista de la pujanza que iba adquiriendo la hermandad y de las pequeñas dimensiones que aún tenía la capilla, en 1661 se decidió nuevamente acometer obras. En esta ocasión Cristóbal Antonio de Morales y Guzmán, hermano mayor, presentó una petición ante el Arzobispado de Sevilla afirmando que la capilla "es muy pequeña e indeçente para estar en ella la Ymagen de Jesús Naçareno ..., de más de estar como está muy maltratada y amenaçando ruina ...". La hermandad proponía agrandarla a su costa, para lo que precisaba ocupar un trozo de patio sin uso que pertenecía a la fábrica de la parroquia de San Juan Bautista. Tras el informe favorable del mayordomo de fábrica y del Vicario de la ciudad, el Arzobispo de Sevilla autorizó la ampliación en los términos solicitados con la condición de no labrar bóvedas de enterramiento. Las obras de prolongación de la capilla aún se realizaban en 1670, motivo por el cual se pidió al hermano mayor Baltasar Galindo Laso de la Vega que continuara en su cargo hasta la finalización de las mismas. Años después, en 1692, se indica en un acta de cabildo que estas obras fueron dirigidas por el maestro alarife ecijano Alonso Tejero.

Desde 1685 la hermandad celebraba sus cabildos en la nueva capílla remozada. Según se describe en un inventario de bienes efectuado en 1684, sabemos que la capilla contaba con cuatro altares: uno con la Inmaculada Concepción, de bulto, en un retablo con San Joaquín y Santa Ana; otro con un lienzo del Lavatorio, que regaló Antonio Gómez, sochantre de la parroquia; y otro con el retablo de las Ánimas Benditas. Aunque no se mencionaba expresamente, es seguro que el cuarto altar estaba dedicado a la imagen titular de Jesús Nazareno.

Nuevamente, en 1697, la hermandad quiso reformar la capilla. Esta vez Juan Alonso de Zaldúa y Vega, regidor perpetuo del Ayuntamiento y hermano mayor, donaba una casa de su propiedad contigua a la capilla, para su ampliación. Esta casa, que lindaba con la iglesia de San Juan Bautista y la plaza frontera a la misma, fue adquirida en 1695 por el citado hermano mayor con intención de donarla a la hermandad y construir un nuevo sector para la capilla. El único escollo para llevar a cabo esta pretensión era un pequeño callejón ruinoso de 15 metros cuadrados perteneciente a la fábrica parroquial que se utilizaba para guardar enseres de madera y que mediaba entre ambas construcciones. A cambio de este espacio, el hermano mayor ofrecía a la fábrica el terreno sobrante de esta casa, una vez hecha la ampliación de la capilla, con objeto de construir un nuevo almacén donde guardar los enseres de la parroquia y los pasos y alhajas de su hermandad y la de Ánimas. Tras los informes oportunos, el Provisor y Vicario General del Arzobispado de Sevilla dictó un auto de aprobación y licencia para efectuar esta permuta de terrenos con fecha 21 de mayo de 1697. Las obras comenzaron al poco tiempo y concluyeron en 1708. Finalmente la capilla fue bendecida el día 13 de marzo de 1709 por don Pablo Gómez Camero, Vicario de Écija. En la espadaña que se construyó sobre el nuevo crucero de la capilla quedó instalada una esquila, propia de la fábrica de San Juan Bautista, que fue cedida por el Arzobispado a la hermandad en 1699. La base de la media naranja que cubre el crucero de la capilla aparece hoy recorrida por la siguiente leyenda: "ESTA CAPILLA ES DE LOS HERMANOS DE JESUS NAZARENO y SANTA CRUZ EN JERUSALEN. ACABOSE AÑO DE 1708".

Según atestigua una lápida existente en la capilla que cubre la bóveda de enterramiento de Juan Alonso de Zaldúa y Vega, las obras ejecutadas a partir de 1697 se centraron fundamentalmente en la adición de un crucero a la nave que ya había sido reformada a raíz de las obras de 1661. La inscripción de dicha lápida dice así "AQUI YACE DON JUAN ALONSO DE ZALDUA Y VEGA PRESBITERO QUE AUMENTO A ESTA CAPILLA ESTE CRUCERO MURIO EL AÑO DE 1714 ..." Dicha bóveda de enterramiento le había sido concedida en sesión de cabildo del 22 de abril de 1710, como muestra de gratitud por sus permanentes atenciones para con la hermandad en el desempeño del cargo de hermano mayor. Algunos años antes, en 1701, cuando las obras aún no habían finalizado, la hermandad concedió otra sepultura a un destacado miembro de la Junta de Gobierno. Se trataba de Marcos Felipe Dorado y Astorga, capellán de honor de Su Majestad, a quien se otorgó a perpetuidad un altar con su correspondiente sepultura en el nuevo crucero, junto al altar colateral derecho, para que en él pudiera colocar la imagen o imágenes que fueran de su devoción. En agradecimiento, Dorado entregó una limosna de 200 escudos de plata doble para ayudar a la finalización de las obras del crucero.

El capítulo de obras en la capilla de Jesús Nazareno quedó cerrado entre 1715 y 1716 con la construcción de un hermoso camarín para la imagen del Titular. Dicha construcción se llevó a cabo sobre un solar de 17,5 metros cuadrados contiguo al presbiterio de la capilla. Se trataba de un "patio de aves" perteneciente a una casa que tenía su entrada por la calle del Estudio Viejo, y que era propia de la capellanía fundada por Juana Montero Sandoval en la parroquia de San Gil. El día 11 de julio de 1715 Pedro de Aguilar Bermudo, presbítero beneficiado de la iglesia de San Gil y servidor de la citada capellanía, otorgó escritura de data a censo y tributo perpetuo del citado solar a favor de la hermandad de Jesús Nazareno y Santa Cruz en Jerusalén, por precio de 215 maravedíes de censo anual. Aunque la escritura se firmó en 1715, existía el compromiso de venta desde 1697, de lo cual se desprende que la construcción del crucero y camarín formó parte de un proyecto unitario.

En la actualidad la capilla de Jesús Nazareno es un hermoso y proporcionado templo en forma de cruz latina de brazos pequeños, que se halla unido por los pies a la antigua Capilla Sacramental de la parroquia de San Juan Bautista. Se compone de una nave rectangular dividida en cinco tramos. Su cubierta es una bóveda de cañón con lunetos ciegos decorados con yeserías manieristas y arcos fajones sobre pilastras toscanas. El crucero se cubre con media naranja sobre pechinas decoradas con pinturas modernas. La cabecera está ocupada por el retablo mayor a través de cuya hornacina central puede admirarse la imagen de Jesús Nazareno en el interior de un espacioso camarín decorado con yeserías de hojarasca carnosa y cubierto con una semiesfera donde aparece la inscripción:" A HONRA Y GLORIA DE DIOS NUESTRO SEÑOR Y AYUDA DE LA HERMANDAD DE JESUS NAZARENO SE HIZO ESTE CAMARlN SIENDO HERMANO MAYOR DON SEBASTIAN LOPEZ DE CARRIZOSA. AÑO DE 1716".

En cuanto a las imágenes que han sido objeto de culto y veneración por nuestra hermandad, diremos que desde 1582 la cofradía basó su devoción en la Santa Cruz de Jerusalén. Sin embargo, en 1635 esta devoción se centraba en la imagen de Jesús Nazareno, a la que acompañaban las de Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista y la Mujer Verónica. Sobre estas imágenes existen varias noticias documentales de interés. Así, en 1635 el escultor Juan Fernández retocó la hechura de Jesús Nazareno. En 1636 se hizo una imagen de San Juan Evangelista. La imagen de Nuestra Señora de los Dolores era propiedad de un hermano de la cofradía y, durante la mayor parte del año, se custodiaba en su domicilio particular. Por ello, en 1694 la hermandad costeó a sus expensas una nueva imagen. Poco después la hermandad encargaba al mismo escultor un nuevo simulacro de San Juan Evangelista, que estaba concluido en abril de 1695.

Entre 1714 y 1715 la capilla se enriqueció con un nuevo retablo mayor que fue donado por el benefactor Marcos Felipe Dorado y Astorga. También donaron otros devotos varias arañas y lámparas de plata, una efigie nueva de la Mujer Verónica, ornamentos, palio y candeleros torneados. En 1717 la hermandad tenía en su poder cierta cantidad de dinero procedente de limosnas para costear el dorado del nuevo retablo mayor. Dicha cantidad, por ser insuficiente, se destinó a la construcción de los dos retablos colaterales que hoy existen en los brazos del crucero. Estos retablos, dedicados a Nuestra Señora de los Dolores y San Juan Evangelista, fueron concertados el día 10 de septiembre de 1717 con Francisco de la Vega, maestro de escultor, en precio de 200 ducados de vellón, siendo estrenados en 1722. También en 1722 se instaló el nuevo trono o peana sobre el que se admira a Jesús Nazareno en su camarín.

El día 30 de mayo de 1734 don Manuel de Villavicencio Castrillo Moscoso, marqués de Alcántara del Cuervo, como hermano mayor, suscribió una escritura de contrato para la ejecución de una cruz rica de carey y plata con destino a la imagen de Jesús Nazareno. Dicha cruz fue encargada a Juan Francisco de Pareja, maestro ebanista, vecino de Andújar, que se trasladó expresamente a Écija para llevar a cabo su ejecución, facilitando la hermandad toda la plata y el carey que fueran precisos. La extraordinaria riqueza y suntuosidad de esta cruz quedaba ampliamente justificada por ser precisamente la Santa Cruz de Jerusalén el objeto supremo de su devoción. Esta joya fue vendida en 1967 a la hermandad sevillana de Nuestro Padre Jesús de las Penas.

La actual imagen de Jesús Nazareno fue profundamente restaurada entre 1958 y 1960 por Francisco Buiza y Joaquín Ojeda, modificando sustancialmente su postura y policromía. Las imágenes de Nuestra Señora de las Misericordias y San Juan Evangelista son obras recientes del escultor sevillano Ricardo Comas. La advocación de Nuestra Señora de los Dolores fue cambiada por la de Nuestra Señora de las Misericordias en los años veinte de nuestro siglo, tras la reorganización de la hermandad.

Procesiones y fiestas solemnes

Desde el siglo XVII la procesión anual de Semana Santa era efectuada en la madrugada del Viernes Santo. A las dos de la mañana se iniciaba el cortejo compuesto por cuatro andas o pasos que portaban a Jesús Nazareno, Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista y la Verónica. Abría el desfile un hermano portando el estandarte de la congregación, seguían treinta cofrades o hermanos de cruz con sendas cruces de madera a cuestas, en recuerdo de la que llevó Cristo durante su martirio. Luego seguía una compañía de armados y a continuación venía un ciego, al que se pagaba para que fuese rezando delante del paso de Jesús Nazareno. También se pagaba a veinte personas que llevaban hachas de cera para iluminar las insignias. Otro tanto se hacía con doce pobres vecinos de la collación, a los que se alimentaba y vestía decorosamente para que, portando hachas de cera de tres pabilos, alumbrasen a la imagen del Nazareno, en recuerdo de los Doce Apóstoles. Luego venía la capilla de ministriles, precedida de un clarinero, y seguida por dos coros de cantores. Las imágenes de la Virgen y el Discípulo Amado, en sus respectivos pasos, eran alumbrados con diez hachas de cera y la Verónica, con ocho. Cerraba el cortejo el parroquial de la iglesia de San Juan Bautista, formado por los clérigos, capellanes y beneficiados, los cuales también recibían su salario y el correspondiente agasajo.

En 1677 ante el crecido número de hermanos que deseaban acompañar a sus veneradas imágenes y el excesivo gasto de cera que esto suponía para la hermandad, el cabildo acordó reducir a 100 y a 50 el número de hachas que precederían a Jesús Nazareno y a Nuestra Señora de los Dolores, respectivamente.

En su desfile anual, la procesión recorría las calles Aguabajo, Garcilaso, Espíritu Santo, donde visitaba el convento del mismo nombre, Plaza de Santa Cruz, Arco de Puerta Palma y calle Mayor del Valle, hasta el monasterio de Santa Inés. Luego regresaba a la Puerta de Palma y se encaminaba hasta el cercano convento de Santa Florentina, seguía hasta la calle Santa Cruz, Violería, Zapatería, cruzaba la Plaza Mayor y por las calles Platería y Cordero llegaba a su templo. A su paso por la Plaza Mayor la hermandad era cumplimentada por la clerecía de las parroquias de Santa Cruz y Santa Bárbara. Desde tiempo inmemorial los clérigos y beneficiados de estas parroquias se congregaban ante la puerta principal del compás del convento de San Francisco para recibir solemnemente a la hermandad. Pero luego reconsideró su actitud y decidió retrasar la hora de salida hasta el alba y acortar el recorrido del cortejo para llegar únicamente hasta la iglesia mayor de Santa Cruz, regresando a su capilla por el camino más corto. Esta decisión motivó una queja por escrito de los conventos de monjas de Santa Florentina y del Espíritu Santo, que se veían así privados de su visita anual. En el cabildo de 1778 la hermandad decidió recuperar nuevamente el antiguo recorrido.

Otras fiestas que gozaban de gran solemnidad eran las celebradas el día 3 de mayo, con motivo de la Invención de la Santa Cruz, y el 15 de agosto, por la Asunción de Nuestra Señora. En estas ocasiones la capilla era engalanada y especialmente iluminada, se contrataba a músicos y se traía a predicadores afamados, se lanzaban fuegos artificiales y se instalaban luminarias en la torre de la parroquia. Los predicadores, clérigos y ministriles que asistían a las funciones eran agasajados con un refrigerio en el que se ofrecían bizcochos de polvorón, bizcochillos de chocolate y vino mistela.

Gerardo García León
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